Narrar para que la vida esté buena

Soy de la idea de que no podemos llegar a conocer las motivaciones últimas por las que hacemos las cosas, que no podemos terminar de entender del todo las cosas que pasan: pienso, entonces, que cuando narramos creyendo que sí, que nuestra mirada puede dar cuenta de la totalidad de los sentidos que tienen las cosas que pasan, pienso, digo, que la narración (la mirada) se vuelve ingenua: ingenua, en el sentido de que se achata, se le sustraen armónicos, digamos, posibilidades vibratorias. Una pregunta posible sería: ¿Cómo extraer significado de las experiencias sin aplastar las experiencias con nuestros significados? ¿Cómo contar las cosas de manera que nuestro contar sea liberador? Una narrativa por la libertad. Una narrativa para el éxtasis. Si la forma en que nos contamos las cosas determina en gran medida la forma en que vivimos las cosas, suena lógico decir: narremos la vida de manera en que la vida esté bien buena.

Anuncios